Psicotrópicos
- 2010-03-08
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- Sociedad
El Día de la Mujer Trabajadora es como tomarse un psicotrópico, ves y oyes cosas increíbles que te parecen tan reales como la vida misma. Pero cuando se te pasa el efecto, todo se ha esfumado sin dejar rastro, excepto la jaqueca de una solemne resaca.
Hoy, fruto de ese viaje alucinógeno, me vi a mí misma proyectarme sobre los hombres como en una de esas experiencias de abducción extraterreste y lo cierto es que me gustó. Desde aquella perspectiva todo se veía con otro color y bajo otra bandera. Me vi defendiendo a ciegas declaraciones arbitrarias, conceptos excesivos e ideas confusas sobre la igualdad de la mujer.
Hace unos días, el Ministerio de Igualdad manifestaba en éxtasis feminista “Si las mujeres gobernaran el mundo, las cosas funcionarían mucho mejor”. Esta frase esconde una grave sintomatología así que una de dos, consulte con su médico o reconozca que ha sufrido un día psicotrópico. Porque si no, una corre el riesgo de vivir proyectada sobre sí misma de forma continua, viviendo en una realidad inventada, o peor aun, en una eterna psicodelia.
Pues no. Las cosas no funcionarían mejor. Irían mejor en la medida en que las personas que asumen los principales poderes políticos o económicos reúnen las condiciones necesarias de sentido común, honestidad, inteligencia y perspectiva histórico-social. Sean hombres o mujeres.
Pensemos en Margaret Tatcher, Catalina de Rusia, Condolezza Rice, Mª Teresa González de la Vega, Corazón Aquino, Mª Teresa de Calcuta, Michelle Bachelet, la Reina Victoria. Haga una comparación entre todas ellas.
Le resultará imposible.
La construcción del futuro por ambos géneros en igualdad de condiciones viene precedida por una consciente superación de este tipo de juicios generalistas y vacuos. En el momento en el que la mujer se sacuda así misma de lenguajes soterrados como este, que asume cada día como obra y gracia de un entramado generacional, comenzará a conquistar su propio lugar en el mundo.
Hoy regreso a casa con el aire dándome en las mejillas, casi sin rastro del trippi feminista mañanero. Al llegar, me han regalado bombones: “¡Feliz día de la mujer trabajadora!”, me dicen. Me he quedado feliz, los he aceptado con gusto, sin ningún tipo de indignación. Descubro entonces que los efectos del psicotrópico van pasando.
Nos los hemos comido en compañía y hemos acabado todos drogados, pero esta vez de chocolate con leche.
La cosa es viajar. Viajar juntos de alguna forma posible.