2019: juicio a George W. Bush

En 2019 los problemas de abastecimiento de materias primas y, sobre todo, el cambio de una economía basada en el petróleo, a otra basada en subproductos vegetales, cambió por completo los hábitos de vida de una gran parte de la población mundial: ricos y pobres, aunque los segundos lo pasaron algo peor.

El consumo desaforado quedó en manos de una pequeña parte de la población. Las escasa clases medias occidentales se redujeron prácticamente a cero y las filas del paro crecieron de forma alarmante, superando el 30 por ciento en muchos países. el nivel de vida se redujo de forma drástica. El objetivo fundamental, para una buena parte de la población, era llevar todos los días comida a la mesa.

Todo ello se compensó, en alguna medida, con un traslado de rentas a los países menos desarrollado. Los cultivos intensivos crearon millones de puestos de trabajo, por llamarlos de alguna forma. Y esta fue la razón utilizada por los políticos del primer mundo, durante años, para justificar la creciente probreza de sus sociedades. Hay que ser solidarios, el mundo no da para más, nos dijeron. Pero la gente veía que a algunos no les iba tan mal, después de todo.

Los coches quedaron aparcados en las calles, cuando no fue posible llenar el depósito y las bolsas de plástico eran un producto de tiempos mejores. Y si bien, la reducción en el consumo de petróleo per cápita fue notable, en 2019 se consumía la mitad que 10 años antes, los ingresos de los productores y distribuidores continuaron creciendo año tras año.

La desesperación de la población fue creciendo hasta desembocar en las revueltas de 2014. Miles de manifestaciones, motines y pillaje que durante 40 días asolaron al mundo. Con miles de muertos y centenares de miles de detenidos que colapsaron el sistema judicial y las cárceles de numerosos países. Nuevas leyes que limitaban los derechos individuales, el de manifestación y muchos otros se promulgaron en un tiempo record.

A raíz de una respuesta aun más salvaje, numerosos grupos de inconformistas y radicales de todo cuño, movilizaron a la población a través de Internet y las revueltas fueron crecientes y continuas. Este inconformismo inicial, se tradujo en un terrorismo de baja intensidad, que atentaba contra los intereses de las corporaciones y secuestraba personajes populares. Haciendo correr rios de bits y tinta.

Si bien la censura de Internet era casi completa, estos mismos grupos encontraron la forma de hacer llegar sus actos y proclamas a determinados medios. Fueron los encargados de difundir la información entre la gente.

Las revueltas fueron en ascenso. Hasta que en ese año, en 2014, los políticos, decidieron enfrentar el problema de una forma imaginativa. Para calmar a la población los dirigentes decidieron actuar contra otros políticos. Realizando juicios, televisados, donde se juzgaba a los pocos que continuaban vivos de la generación que ignoró los informes del Club de Roma, a principios de los 70. Convirtiéndolos en chivos expiatorios de todos los males que nos asolaban.

El linchamiento público fue tan efectivo, que los políticos más jóvenes decidieron aprovechar el efecto. Y continuaron juzgando a todas aquellas figuras públicas relevantes, vivos o muertos, que pudieran generar algún rédito político. Aun cuando las estructuras tradiconales de los partidos estaban en contra, nada pudieron hacer para frenar a las nuevas generaciones. Poco a poco cualquier contestación desapareció, tratando de salvar sus propias cabezas.

Los más jóvenes encontraron la forma perfecta de vengarse de una situación que afectaba a todo el mundo, aunque no por igual, y quitar de en medio a las viejas guardias. Mataron dos pájaros de un tiro al detener en seco las revueltas, mejorando notablemente su situación.

En 2019, miles de juicios a lo largo de todo el mundo, habían concluido con algunos personajes populares en la cárcel. Pocos y por breve tiempo, pero suficientes para tranquilizar los ánimos de la mayoría. Una buena parte de estos juicios concluían con sentencias con penas millonarias. Muchos de los acusados acabaron en la ruina. Desde el principio se vió que dejar a los ricos sin nada, era algo que contentaba mucho más a la plebe. Los expertos en comunicación vieron que el efecto Robin Hood, era mucho más rentable, desde un punto de vista popular, que las penas de cárcel

Este año, en 2019, un tribunal de Austin, Texas, sentaba en el banquillo a George Walker Bush, con 73 años, ex presidente de los Estados Unidos de América. Y Donald Rumsfeld, uno de los miembros más destacados de sus gabinetes, que a sus 87 años se conservaba francamente bien. Dick Cheney, el vicepresidente durante los dos mandatos, no llegó a juicio. Cuando se anunció la causa, 6 meses antes, un derrame cerebral le dejó en coma, muriendo una semana después.

Mientras tanto, si bien los movimientos revolucionarios habían perdido una buena parte de su influencia en la opinión pública, no habían desaparecido del todo. Periódicamente sorprendían con alguna proclama, atentando o secuestro aun más osados que los anteriores.

Ahora, continua tu la historia…


One Comment

  1. Comentario de: josemv [Miembro]
    ¿Como continuarías esta historia?


    josemv said on: Mayo 24, 2006 10:30 am

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